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Por qué habanastation es un buen filme

Es una película para ver más de una vez, cuando ya ha pasado el deslumbramiento iniciático y uno puede darse el lujo de analizar, concienzudamente, los planos memorables. Antes no sería un examen objetivo, como no se puede ser objetivo nunca con la poesía o con las metáforas.

Eso es exactamente Habanastation: una metáfora, un poema épico posmoderno, un filme que se resiste a las definiciones con la misma irreverencia con la que prescinde de moralejas aleccionadoras. Sin pretensiones de catequista, Ian Padrón, su director, no hace más que enseñarnos La Habana, esa analogía de la Cuba real donde el simple hecho de vivir reviste dimensiones entre lúdicas y trágicas.

La historia pudiera parecer convencional: dos niños crecidos en contextos sociales divergentes, al más puro estilo El príncipe y el mendigo, confluyen ¿por azar? tras un desfile del Primero de Mayo, momento en que la percepción del mundo empieza a cambiar irremediablemente para ambos.

Sin embargo, más allá del argumento tratado en otras oportunidades por el celuloide con mayor o menor acierto, la película se erige en oda a la amistad, al retorno constante a los orígenes y hasta a esa dosis de ingenuidad imprescindible para salvar, si todavía hubiere tiempo, las diferencias más irreconciliables.

De un lado, Miramar, símbolo de los nuevos ricos que hasta hace poco preferimos ignorar; de otro, La Tinta, esa suerte de Babel marginal en medio de una ciudad que la relega y donde, no obstante, se cuece lo más genuino de la identidad nacional. Dos barrios habaneros, cubanos, que pueden sacudir sus lastres geográficos para aclimatarse cómodamente en cualquier otra urbe del mundo: Londres, Río de Janeiro, París

Universal como los sentimientos que evoca, Habanastation conmueve sobre todo por la verosimilitud de los diálogos, libres de toda impostura, por la espontaneidad de las actuaciones, por el carisma de esos niños que ya han salido de los cauces de La Colmenita para instalarse, por derecho propio, en la historia del cine cubano.

Ernesto Escalona y Andy Fornaris se echan a cuestas sus personajes como si no estuvieran lidiando con artistas consagrados de la talla de Blanca Rosa Blanco, Luis Alberto García, Miriam Socarrás y Raúl Pomares; de semejante escollo salen airosos, con toda la frescura y el desenfado que solo se tiene en la adolescencia.

Nada sobra en el filme, ni siquiera las lecturas “inofensivas” de la maestra, el comunicado en pleno matutino o las referencias, descarnadas o tangenciales, a problemas acuciantes del cubano de a pie, ese para quien la película es, sin lugar a dudas, el lugar donde reconocerse.

Se agradece hasta el título, derivado del original “Pleiesteichon” (playstation) cuando la marca se negó rotundamente a que le “cubanizaran” el nombre. Tal percance, que en principio pudo incomodar a los realizadores, terminó enriqueciendo la lectura holística de una obra que propone, de cierta forma, el acercamiento desprejuiciado al juego de La Habana.

Metáfora de una ínsula que se debate en sus propias antípodas, de una nación que no es ni tan idílica ni tan apocalíptica, Habanastation pretende atisbar apenas nuestras circunstancias, y no precisamente la maldita circunstancia del agua por todas partes que inmortalizó Virgilio Piñera, sino las nuestras de cada día, esas que nos han venido amoldando la idiosincrasia durante décadas.

Es una película para ver más de una vez, sostengo, una película de culto, como la llamó un colega en un arranque premonitorio que, a juzgar por los cines abarrotados y los premios que ya comienza a recibir, no parece hiperbólico ni sobredimensionado. Y es que, incluso con sus aristas perfectibles, Habanastation nos deja la inexplicable sensación de vulnerabilidad espiritual que se experimenta frente a los clásicos.

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El nuevo cine de aventuras

Cada día los avances tecnológicos son mas rápidos mas vertiginosos, los prototipos se agolpan y antes que pase un año llegan las mejoras de los nuevos inventos, casi a uno no le da tiempo a disfrutar de la nueva adquisición antes que aparezca otra mejor. Este desarrolla afecta todas las áreas de la vida incluyendo al entretenimiento, si pues, antes jugábamos a los tiros con par de pistolas plásticas, ahora agarramos un mando frente a una consola hacemos torta del compañero de al lado dentro de la pantalla. Con el cine también sucede lo miso. En un santiamén hemos pasado del cartón piedra al 3d que tan fácil soluciona las cosas, o sea, da trabajo (no vamos a demeritar a los informáticos) pero lleva menos material, tiempo de diseño y de implementación. Es abusivo ver como se manejan las películas de aventuras actuales, donde el ambiente no requiere de tanta pomposidad, (salvo aquellas que destilan magia por doquier o se introducen demasiado en lo fantástico, dígase, Clash of the Titans, Percy Jackson y el Ladrón de Rayos, entre otras) y sin embargo el abarrote de detalles en el escenario prácticamente no te deja ver la película (Prince of Persia). No se trata de seguir con el hacha de palo si ya tenemos la sierra eléctrica, es una cuestión de medida pues, para que cortar el pan con la sierra eléctrica si tenemos también el cuchillo (entienden a que me refiero?). Hay filmes de aventuras a los cuales la gama de efectos les ha restado sabor, principalmente aquellos que ya tienen un punto de referencia, como Clash of the Titans, un remake the otra producción de 1981, cuyo guión y desempeño adelanta por mucho toda la fastuosidad de efectos especiales que vertieron en la nueva versión del pasado 2010. Es cierto que muchas películas son favorecidas (ovaciones a Peter Jackson con su actual King Kong y The Lord of the Rings) cuando el efecto no eccede a la actuación de los personajes y su importancia, sencillamente una película es en 3d o no lo es, y si vas a trabajar con material humano para que opacar lo que puede hacer con un efecto digital por muy maravilloso que sea? cosas así suceden y como resultado a la gente le sigue gustando más la saga Star Wars, toda una aventura llena de acción, momentos de amor, salpicaduras de humor, toda una obra maestra, que la actual precuela, sí, muy buena factura en efectos especiales pero todavía no sabemos si es comedia, melodrama o aventura(dicho en ese orden de acuerdo con cada capitulo). En fin, que no soy un detractor del nuevo cine, pero realmente creí que esto alguien lo tenía que decir.